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viernes, 2 de noviembre de 2018

Apuntes de clase. Epistemología de la comunicación. Verdad y poder



Martes 30 de octubre. Sede UBV Zulia


En la clase de Epistemología de la comunicación de este martes 30 de octubre trabajamos la relación entre Verdad y Poder. Una secuencia más o menos lógica de la clase puede ser la siguiente.

Cuando leemos una noticia (si tomamos como ejemplo ese acto intelectivo moderno, independientemente de la extensión o la calidad discursiva de la misma, del formato o la plataforma) ocurre indefectiblemente un acto interpretativo.

Esa interpretación se ajustará a una forma de la realidad, que podemos comprender y asimilar, y por tanto reconocer y hacer parte de nuestra concepción del mundo. De alguna manera se puede decir que, si leo/interpreto/asimilo determinada noticia, es porque ha sido elaborada para mi, esto es para mi grado de percepción, no en tanto yo individual sino como usuario o receptor adecuado, preformado.

Eso me acerca a una evidencia más o menos solapada: toda “noticia” es un producto compuesto básicamente de imágenes y textos que han sido elaborados/diseñados/programados en una suerte de industria de la información. 

Esa industria hoy, por cierto, está completamente entregada a procesos de digitalización que re-crean realidades que pueden o no referir cosas o eventos de la realidad, y que más bien en muchos casos la suplantan o fabrican. Pues, no se trata sólo de mentir, sino de la fabricación de realidades plausibles, que pasan por (ser) la realidad e incluso pueden convertirse en ella o derivar en ella. (Aquí hablamos de la construcción de una Plaza Verde en Qatar que sirvió para introducir en el circuito comunicacional de Occidente la especie de que Gadafi había bombardeado a su propio pueblo, una mentira que detonó la intervención de la Otán y que la cámara de Telesur, desde la porpia y real Plaza Verde no logró desactivar. El pueblo libio y su líder fueron víctimas de una mentira mediática, tal como lo fue el pueblo venezolano y el mundo en el año 2002, aquel 11 de abril, cuando el golpe de Estado contra Chávez; sólo que aquí, milagrosamente, en una alianza inédita entre el pueblo consciente y movilizado y los militares patriotas, dieron al traste con la mentira, salvando al Presidente, desactivando la incipiente dictadura empresarial apoyada por EEUU y restituyendo el hilo democrático).
Lo decisivo de la noticia como producto es acaso que estamos ante una mercancía. Como tal, queda sometida a los juegos perversos de la oferta y la demanda, a las fuerzas del mercado y a los intereses económicos y en definitiva políticos, de los dueños y propietarios de medios, que terminan siendo los dueños y propietarios de las fuentes de riqueza de los países a merced o en manos del capital privado.

Evidentemente, no podemos hablar aquí de que la noticia refiere la realidad, sino de un producto o mercancía que se hace pública a través de los medios para que determinados usuarios interpreten una realidad que se adapta a los intereses del capital.

Se trata pues, de una realidad fabricada a la medida de los intereses privados y que, por supuesto, nada tiene que ver con la realidad digamos real y, mucho menos, con la verdad. Resulta obvio que no podemos hablar en ningún caso de una verdad objetiva, pues esta siempre atenderá a intereses e interpretaciones.

Por otro lado, salta también a la vista que la realidad (referida por la noticia) es una construcción técnica dependiente de la calidad de los recursos con que se cuente para su reproducción. Aquí discutimos que, estar en un sitio donde ocurre un hecho “noticioso”, necesariamente no nos garantiza tener una noción exacta y completa de lo ocurrido. Máxime si, por ejemplo, reina la confusión. Regularmente, en eventos de este tipo, nuestra percepción es asaltada por los nervios, y estaremos más dispuestos a no sufrir ningún daño que a tener una visión completa y compleja de lo que está aconteciendo. Vale esto también para los momentos históricos… Vivir en un momento determinado, no nos convierte sine qua non en testigos de excepción. No basta vivir el momento, sino tener la capacidad técnica y la capacidad intelectual para abstraer-nos y alejarnos a una distancia crítica y lúcida que nos permita incluso vernos a nosotros mismos en (el) contexto. Esto, sin duda, no es nada fácil.

Consideramos entonces que la verdad es una construcción técnica, pero para que se ajuste a la realidad real, necesitamos participar en la construcción social de dicha verdad. Nos ayudan los elementos técnicos, vale decir, una buena imagen o un repertorio de imágenes, buenos textos, sensibles, objetivos, sinceros, elaborados desde distintas y diversas perspectivas, como necesitamos también que seamos capaces de leer e interpretar, de ver entre líneas, de abstraer y mirar el conjunto y los detalles, de manera apasionada pero también desapasionada, en un difícil equilibrio que le va dando forma al criterio.

La verdad pues, pasa por la construcción técnica y socio-cultural de la realidad (del mundo -en- que vivimos)

Los medios privados hegemónicos nos quieren convencer de que sus realidades técnicas interesadas son la (única) verdad.

Necesitamos al contrario, crear y alimentar medios públicos, medios de todos y para todos, que nos permitan acercarnos a la realidad con las mejores técnicas pero también con inteligencia y sensibilidad, y construir en conjunto y en común, una interpretación ética de la realidad: es decir, una verdad no sólo real sino que albergue, respete y proteja la vida. He allí nuestro límite y horizonte.